Marta Zenner Ávila

Mientras esperaba que los ponentes llegaran a la rueda de prensa, dos de mis compañeras se pusieron a hablar del calzado procedente de China. Un par de botas por doce euros, increíble. Una de las periodistas mostraba el tacón tan bien hecho que llevaba puesto que no parecía de ser mala calidad. Zapatos baratos que te duran toda la temporada, e incluso, cuidándolos, un año ¿quién no firma eso?

Las tiendas conocidas ya como “los chinos” que están al alcance de cualquier lugar en el que te encuentres de la ciudad, arrasan con el mercado español, ya bien sea en el sector textil, en calzado, decoración, material escolar o incluso en precios del alcohol.

Llevan años introduciéndose poco a poco, pasando desapercibidos en pequeños locales cuando aún existía la peseta. Pero ahora avanza con pasos agigantados; el establecimiento más pequeño tiene por lo menos cinco pasillos. Y claro, si a sus ofertas le añades el poco tiempo que tardas en llegar a la tienda, comprar las cuatro tonterías que te hacen falta en ese momento para la casa, sale un resultado más rentable en todos los sentidos. Sabemos que cualquier artilugio por el que preguntemos va a obtener una respuesta del tipo “en ese estante”, no se pregunta por si no lo tiene, sino por encontrarlo antes entre la multitud de objetos que te ofrece.

La calidad de los zapatos o las nuevas tecnologías se asemeja cada vez más a las buenas marcas con las que empiezan a competir. Un simple mp3 de Sony por sesenta euros frente a otro con un valor de veinte hace replantearse la decisión a más de uno. Por eso es entendible que al mercado español le tiemblen las piernas con el rival que intenta ponerse a su altura, si es que no lo ha conseguido ya.

La estrategia de ventas que se han planteado los chinos no acaba ahí. No nos olvidemos de la crisis que parece no abandonar a España desde que se hizo pública. Es evidente que la mayoría de los ciudadanos miran más por su bolsillo que por la calidad del producto, poniendo los de la etiqueta “made in China” en los primeros puestos. Y no se quedan atrás en las nuevas tecnologías; además de no pagar los impuestos de sus locales, que les permite ahorrarse unos cuantos euros, los chinos se han atrevido a desafiar a las tiendas on-line obteniendo también resultados positivos.

O el mercado español se pone las botas, o pronto tendrá que calzarse con material procedente de China.