El aborto siempre será un tema, al igual que la pena de muerte, en el que nunca la sociedad completa se pondrá de acuerdo por tener distintos argumentos respecto a la vida. Pero es cierto, que hay que detenerse en pensar donde está verdaderamente la línea que separa el quitarle la vida a un ser vivo o dejarle vivir.
Las personas a favor del aborto lo tienen muy claro: hasta los tres meses, en los cuales no se considera aún vida, se puede tener la elección libre de abortar por motivos personales, ya sean o no de peso. Se supone que vivimos en un país con libertad en el que decidimos que hacer con nuestra vida y aunque no lo acepten o sea injusto para algunos, la decisión de traer un hijo al mundo no está en su mano sino en la de la madre, o padres, que lo han concebido. Más que nada, porque ese hijo no está todavía formado físicamente, y por tanto, tampoco mentalmente para decidir.
Sin embargo, las personas en contra son las que sostienen la teoría de que aunque no se considere todavía vida, el no intervenir daría lugar a que esa vida existiese. Para ellos no sólo se debate el concepto de cuando empieza a ser vida o no, sino mirar un poco más atrás.
Es cierto que hoy en día existen varios anticonceptivos para no tener que llegar a la decisión, por ahora ilegal, de tener un bebé o perderlo voluntariamente. Y también es cierto, por mucho que digan, que la información sobre el tema en los jóvenes está más que introducida. Sin embargo, el problema deja de ser ese cuando ellos no actúan con precaución aún teniendo todas las facilidades a su alcance. Pero todo rebaño tiene su oveja negra y en algunos casos, habiendo puesto precaución, hay jóvenes se quedan embarazadas siendo menores de edad. En estos casos, ¿deben de tener el hijo? ¿Deben de cambiar sus vidas por un fallo que tuvieron sin quererlo? A veces, la gente que esta en contra no se para a pensar detenidamente en la situación que tiene la chica; si puede traer un bebé al mundo o no tiene los medios suficientes para darle verdaderamente lo que se considera vida, que no es el hecho de nacer. Quizá las personas que están en contra actúan así porque no se han encontrado en esa situación donde la mayor responsabilidad de una menor es crecer en madurez y elegir entre dar una vida o quitarla.
Pero parémonos un momento en debatir un pequeño detalle que las personas en contra del aborto pasan por alto. La píldora del día después. Consideran inhumano abortar cuando una joven se ha quedado embarazada, ya por error o por insensatez, y no desea tenerlo, pero ¿y la píldora? ¿No tendría que ser ilegal? Al fin de cuentas, si nos guiamos por la teoría que tienen los que están en contra, es el mismo proceso que el aborto con la diferencia de ser a las 72 horas después de tener las relaciones sexuales. Realmente tomarse la pastilla del día después es interrumpir el comienzo de lo que nueve meses más tarde será una nueva vida. ¿Por qué ésta sí y el aborto no? El hecho de pasar por una operación no quita ni ética ni físicamente que sea el mismo proceso. Así que esas personas, que no entienden las situaciones ni los momentos en los que se encuentran esos jóvenes asustados y sin experiencia, deberían de aclarar previamente donde se sitúa la línea de la vida para poder defenderla.
Sean cuales sean las razones, en las que no hay que intervenir porque son personales, una persona es libre para conceder una vida, ¿por qué no es libre para quitarla cuando aún no se considera como tal?
Mientras esperaba que los ponentes llegaran a la rueda de prensa, dos de mis compañeras se pusieron a hablar del calzado procedente de China. Un par de botas por doce euros, increíble. Una de las periodistas mostraba el tacón tan bien hecho que llevaba puesto que no parecía de ser mala calidad. Zapatos baratos que te duran toda la temporada, e incluso, cuidándolos, un año ¿quién no firma eso?
Las tiendas conocidas ya como “los chinos” que están al alcance de cualquier lugar en el que te encuentres de la ciudad, arrasan con el mercado español, ya bien sea en el sector textil, en calzado, decoración, material escolar o incluso en precios del alcohol.
Llevan años introduciéndose poco a poco, pasando desapercibidos en pequeños locales cuando aún existía la peseta. Pero ahora avanza con pasos agigantados; el establecimiento más pequeño tiene por lo menos cinco pasillos. Y claro, si a sus ofertas le añades el poco tiempo que tardas en llegar a la tienda, comprar las cuatro tonterías que te hacen falta en ese momento para la casa, sale un resultado más rentable en todos los sentidos. Sabemos que cualquier artilugio por el que preguntemos va a obtener una respuesta del tipo “en ese estante”, no se pregunta por si no lo tiene, sino por encontrarlo antes entre la multitud de objetos que te ofrece.
La calidad de los zapatos o las nuevas tecnologías se asemeja cada vez más a las buenas marcas con las que empiezan a competir. Un simple mp3 de Sony por sesenta euros frente a otro con un valor de veinte hace replantearse la decisión a más de uno. Por eso es entendible que al mercado español le tiemblen las piernas con el rival que intenta ponerse a su altura, si es que no lo ha conseguido ya.
La estrategia de ventas que se han planteado los chinos no acaba ahí. No nos olvidemos de la crisis que parece no abandonar a España desde que se hizo pública. Es evidente que la mayoría de los ciudadanos miran más por su bolsillo que por la calidad del producto, poniendo los de la etiqueta “made in China” en los primeros puestos. Y no se quedan atrás en las nuevas tecnologías; además de no pagar los impuestos de sus locales, que les permite ahorrarse unos cuantos euros, los chinos se han atrevido a desafiar a las tiendas on-line obteniendo también resultados positivos.
O el mercado español se pone las botas, o pronto tendrá que calzarse con material procedente de China.
Tener una cartulina rosa con tus datos, que se doblaba como un tríptico, era garantía de que podías conducir. Aunque todavía se pueda ver ese tipo de carné en los monederos de nuestros padres, éste se está sustituyendo por una tarjeta plastificada mucho más cómoda de llevar en la cartera. Pero las condiciones para obtenerlo son las mismas: ser mayor de edad y aprobar los dos exámenes que exige Tráfico.
Una vez conseguido, sabes que la velocidad mínima en la autovía es 60km/h y que en la ciudad “la aguja” no puede pasar de 50 en el velocímetro de tu coche. Y ahora, superados los requisitos y aprendidas las reglas, tienes que acomodarte a otras nuevas.
Según informó ayer Antena3 en las noticias del mediodía, no se salvaría ningún peatón, en un accidente dentro de la ciudad, si el vehículo circula a 70km por hora. Dato que debería preocupar a aquellos que se saltan la velocidad establecida. Con el acelerador a 50km/h fallecería la mitad del 100% de los peatones que vivieran esa situación. Debo reconocer que es una cifra bastante alta que obliga a nuestra mente a imaginarse cómo ha tenido que ser el accidente para acabar en tal catástrofe. El estudio de la cadena televisiva también ha revelado la velocidad “adecuada” para transitar en ciudad y salvar al 95% en caso de accidente peatonal. ¿Con esto quieren decir que circular a 30km/h no salvará al 5% restante que se vea en la situación de ser atropellado? Entonces, pongamos las señales de círculo rojo con un 20 para así tener cero fallecidos cuando acabe el año.
No estoy en contra de buscar remedios para reducir el número de muertes por accidentes en la ciudad, pero veo absurdo bajar a 30 kilómetros la velocidad máxima y aprobar a la vez que los jóvenes de 16 años pueden conducir con el consentimiento de un mayor. Para mí, es una contradicción en toda regla.
Se buscan soluciones para que en 2011 las víctimas bajen de las 233 que han sumado los doce meses del año pasado, y la primera que encuentra es poner a menores de edad al volante. Adolescentes, locos por coger un coche y darse una vuelta por las calles de la ciudad. ¿De verdad es lo más ético? Algunos me responderán que este método ya esta implantado en Francia y en Alemania y funciona correctamente. Vale, pero no somos ni Francia, ni Alemania. Y hay que admitir que no podemos compararnos con países que están a varias posiciones por encima de nosotros, en la lista de accidentes peatonales, por su conducta, hasta ahora, muy diferente a la nuestra. No es rebajar nuestro país ni a sus ciudadanos, es tener dos dedos de frente y preguntarnos, con sinceridad, si eso es lo que necesita España en sus carreteras.
Suspenden y tiene que repetir el examen práctico más de la mitad de las personas que se presentan para obtener el carné de conducir, y queremos dárselo a los chicos de 16 años (que no han cogido un coche en su vida) con haber superado las 20 horas al volante. En serio, no sé si soy yo la única que ve la “solución” alejada de prevenir más muertes o es que el Gobierno confía demasiado en sus generaciones menores de edad.
Un corto metafórico donde el haz de luz se atañe con las oportunidades de recuperar esa falta de visión que se escapa por no saber desprenderse de los obstáculos vitales.
Rubén Díez muestra el mundo interior del Señor Trapo limitado por el pesimismo y la inmadurez. Un tren que se marcha o telas que más bien destapan sus ojos son sólo pequeños trozos de recuerdos que caminan en otra dirección llevándose su esencia. Temas personales muy concretos, pero a la vez tan generalizados que permite adoptar el mensaje a cualquier ámbito de la vida.
El periodismo actual es el más bajo de la historia y el que más se aleja de su verdadero significado. Hacer periodismo hoy en día, o ser periodista, es muy distinto a como se recuerda anteriormente; este nuevo estilo, ni gusta a la profesión, ni gusta a las audiencias.
Los periódicos siguen comprometidos en la búsqueda de la verdad, pero la prensa amarilla se ha ido expandiendo transformándose en lo que podríamos llamar periodismo queroseno: dan las noticias antes de estar totalmente informados de todos los hechos. El periodismo ha dejado de ser una misión y muchas de las personas que trabajan en los medios lo consideran una ocupación como cualquier otra, que bien pueden abandonar para ingresar en una agencia de publicidad o ser corredor de bolsa.
En la actualidad, lo más importante en una noticia es que tenga espectáculo e impresione, dejando un poco a parte el contenido. Cuando se acaba el boom de la noticia se olvida de ella y se borra total, así que una de dos: o no era tan importante o si lo era, no se le ha dado el tiempo suficiente para que pueda desaparecer. Si el periodista ha dejado de interesarse por los contenidos y le da más importancia al simple impacto que puede provocar de primeras, no esta siendo fiel a su carrera y su verdadera vocación.
Parte de esto tiene culpa la televisión. Ella da la información de una manera distinta, es decir, juega más con imágenes que el resto de medios, y por tanto, deben ser impactantes para poder captar la atención de la audiencia y darle tiempo a emitir toda la información. Si prima el espectáculo no es un buen periodismo, porque por encima de la forma están los contenidos, es decir, la información. La forma de la televisión puede atraer al resto de medios, y esto puede llegar a ser un problema. La televisión tiene inmediatez de los hechos, pero no toda su información es veraz ya que no le da tiempo a analizar, mientras que un periódico tendrá antecedentes y por tanto más seguridad. Si el estilo de TV se le pega a los otros medios, este factor se perdería.
Otra consecuencia es que está cambiando los modos de adquirir conocimientos. La mayoría de la audiencia se ha acostumbrado a adquirirlos a través de a televisión, es decir, visualmente. También este concepto está muy vinculado con la parte económica que podemos ganar gracias a ello. En el periodismo actual, desgraciadamente, priman los beneficios empresariales por encima de la verdad y de la información. El error es considerar que esa obtención de beneficios es el único fin de la empresa periodística.
Quienes realmente eligen qué información obtener son los lectores, por encima de los beneficios económicos irá a su interés. El único amo del periodismo es la audiencia; cuando lo tienes a tu bando, no hay poder que pueda amordazarte. A causa de esa economía ha llegado el punto de que a veces no tienen ni el título de periodista y siguen ejerciendo en el medio con la misión de ganar más, no de mejorar la profesión de comunicación.
Por tanto el periodista se queda encerrado en una jaula. No se le pide que ejerza la responsabilidad social de su trabajo, sino que obtenga beneficios, es como pisar el trabajo del profesional porque por encima de esto está el dinero. Así que, tristemente, el periodista pierde esa libertad, esa independencia… Y todo eso lo percibe la audiencia. La actividad periodística pierde su perspectiva social y confunde la calidad periodística con la calidad comercial. Por cosas así se ha perdido el prestigio que en algún momento alcanzó esta profesión. Y el lema de todo periodista debería ser “Age quod Agis”, es decir, hagas lo que hagas, hazlo bien o no lo hagas. Porque si no lo haces bien pierdes la esencia.
Kapuscinski establece esta diferencia: “El buen y el mal periodismo se diferencia fácilmente: en el buen periodismo, además de la descripción de un acontecimiento, tenéis también la explicación de por qué ha sucedido; en el mal periodismo, en cambio, encontramos sólo la descripción, ninguna conexión o referencia al contexto histórico. Encontramos el relato del mero hecho, pero no conocemos ni las causas ni los procedentes”. Y buena razón tiene al definir cada uno de los conceptos como hoy en día están reflejados en la sociedad.
Durante siete horas de viaje pude observar a través de la ventanilla del coche multitud de paisajes, pero ninguno como el que nos esperaba en Zaragoza.
Situado 100 Km. aproximadamente de la ciudad se encuentra el Monasterio de Piedra, antiguo castillo utilizado por los musulmanes para sus combates. El Monasterio fue fundado en 1194 por trece monjes cistercienses declarándose monumento nacional en 1983. Su hermosura reposa en el bosque que le rodea. La interminable vegetación que cerca el recinto amurallado señala un camino donde el tiempo no es el protagonista, sino el permanente olor a humedad impregnado en las ramas que te rozan el hombro al pasar. Con la ayuda del cantar de los pájaros que vuelan entre los frondosos árboles de hoja perenne consigo llegar al final deltrayecto donde me esperan las historias que esconde el río Piedra. Sus abundantes aguas encajan perfectamente entre las formaciones calizas que ha creado la naturaleza con esfuerzo en los últimos siglos. Una de sus leyendas cuenta que el amor prohibido de una cristiana y un musulmán yacía cada noche tras una de las cascadas del río, marcando su silueta a través de ella. En uno de los cielos azul lóbrego iluminado únicamente por la luna como en cualquier otra noche de verano, él no apareció al encuentro. Y ella, en la parte más alta del río, sin moverse de la roca que divide el agua en dos cascadas se quedó esperándolo acompañada de las lágrimas incesantes que salían de sus ojos. Trinidad y la Caprichosa son las dos cataratas que confluyen en una cristalina poza conocida como el Baño de Diana. Lago donde descansa el agua antes de bajar tumultuosamente en una sucesión de rápidos que se arrojan noventa metros en caída vertical.
Noche tras noche esperaba la llegada de su amado hasta que murió de pena. Cuenta la leyenda que las aguas del río que descienden desde la cascada Cola de Caballo, donde desembocan los rápidos, se volvieron abundantes por las lágrimas derramadas en su interior.
Continué el camino que sigue el río hasta el final de la Cola de Caballo para contemplar el rostro desolado de Diana en el paisaje. Dejando a un lado el cansancio que se adquiere por llegar al final y con la mirada directa al frente puede distinguir con claridad como las raíces de los árboles, sus ramas y las rocas forman perfectamente las facciones de la cara de una mujer. De sus ojos, dos largas cascadas simbolizando el constante sollozo que le costó la muerte.
A medida que los escalofríos recorren mi piel me voy alejando para seguir descubriendo todos esos recovecos que el bosque tiene escondidos para sus visitantes. Su recorrido es aproximadamente de dos horas y media si se desea ver todo el trayecto que hace el río hasta que desemboca en un extenso lago. Aunque no es la única opción que te ofrece Piedra, dando lugar a hacer senderismo en sus alrededores. Su privacidad como Parque Nacional permite mantener la sensación de tranquilidad al no contar con abundantes pisadas de personas en su suelo. Pero la tranquilidad no es lo único que provoca el lugar. Toda la gente que visita el bosque coincide en la diferencia que hay entre antes de entrar y al salir.
Respirar hondo y dejar entrar por la nariz la mezcla del olor a tierra mojada y serenidad es un ejercicio obligatorio que aconsejan los monjes del Monasterio para recuperar las fuerzas que se pierden cada día. No sólo pasear por sus paisajes renueva el cuerpo. El Monasterio fue el primer lugar de España donde se hizo el chocolate y donde, hoy en día, se puede seguir disfrutando de su apacible sabor.
El sonido en mis dientes al partir la dura onza de chocolate creó durante varios segundos su eco recorriendo todos los espacios que hay entre los troncos que forman el bosque. No podía permitirme volver a la realidad con cada paso que daba en dirección opuesta, así que saqué de la mochila la obra de Paulo Coelho, “A orillas del río Piedra me senté y lloré”, para seguir sintiendo toda la belleza de la que mis ojos acababan de ser protagonistas.
La crisis ha terminado. Al menos el tiempo en que las tiendas mantienen colgados sus carteles de rebajas intentando recuperar los beneficios que no se han obtenido a lo largo del año 2010.
Una promoción que comenzó hace más de setenta años en las grandes ciudades de París y Nueva York se convierte ahora en un suspiro de tranquilidad para los comercios. Yes que si no hubiera rebajas este sector perdería alrededor del 30 % de las ganancias. Dato que varía según la ciudad en la que nos encontremos, en Cataluña el gasto medio por persona ronda los 200 euros el primer día en que las etiquetas están marcadas con porcentajes en color rojo.
Lo que permanece inamovible en cualquiera de las provincias de España durante los dos meses donde la moda está a un precio más asequible son las llamadas aglomeraciones de clientes que esperan a las diez de la mañana en la puerta para “arrasar” con las ofertas que haya en los estantes. Ideas de este estilo son las que lleva todo consumista en la cabeza con tal de llevarse una prenda barata a casa. La parte negativa viene cuando en la bolsa no encontramos un capricho, sino uno por cada pasillo, aumentando el precio a la altura de una compra fuera de ofertas.
Carteles llamativos con el 20, el 50 y hasta el 70% pueden verse en los escaparates de las calles de Granada si consigues desviar tu mirada entre la multitud de cabezas que pasan ante ella. Carteles que incitan a curiosear entre las perchas con la esperanza de encontrar alguna ganga de esta temporada, ya que la ropa rebajada suele salir del almacén de las temporadas anteriores. Eso sí, no alcéis mucho la vista porque puede alcanzar a ver las tentaciones. Me dirijo a la nueva colección de primavera como “tentaciones” porque en éstas no se encuentran los precios tachados con un número inferior encima de ellos. Aunque al final, en el ticket siempre se cuela alguno con el pretexto de gastarse un poco menos en la tienda siguiente.
Otra opción que acogen mucho los clientes que no soportan las largas colas de espera en caja son las tiendas on-line. En ellas las rebajas suelen durar más y van intercalando ofertas a lo largo de los doce meses. Otro punto a favor del consumidor es su falta de horario. Al ser una venta on-line no hay necesidad de que haya una persona al otro lado para atenderte, sino que puedes adquirir el artículo a la hora que más te conviene. Sin embargo, no todo son ventajas respecto a este tipo de tiendas. Al ser productos virtuales no tienes la opción de poder probarte la talla que más se adecua a tu cuerpo, con el riesgo de comprar una más grande o más chica. Aquí es donde se presenta el segundo factor negativo: su devolución. Proceden de otras ciudades, e incluso de otros países, para andar con cambios de cada una de las personas que solicitan sus productos.
El seis de marzo, cuando los dependientes descuelguen sus ofertas de los maniquís y echemos mano al bolsillo es cuando nos daremos cuenta de que ir de “Shopping” en rebajas al final no resulta tan rentable.
Domingo. El típico día que miras al cielo para saber qué ropa ponerte; y optas por un buen chubasquero porque romperá a llover en cuanto salgas al portal de casa. Cerca de las doce del medio día, ya empezaba a escucharse por San Juan de Dios, alguna que otra frase con rima en voz alta para hacer saber que la manifestación iba a comenzar. Pero hasta media hora más tarde ningún pie que había alrededor de la bandera española, situada en la rotonda del Triunfo, se movió para empezar a andar por la Gran Vía de Granada defendiendo la idea del “Sahara libre”.
Rodeados de un centenar de policías se podía observar con claridad una barrera humana, unida por una pequeña cuerda, que dividía a los espectadores de los manifestantes. Pero conforme avanzaban los minutos, el espacio que se había creado dentro de la barrera empezaba a quedarse pequeño. Andaluces de varias provincias, marroquíes, niños, asociaciones con carteles identificativos, e incluso perros engordaban el grupo manifestante.
Con el asfalto ya mojado de la fina lluvia que prometía no parar a lo largo de todo el recorrido y el lema “Zapatero atiende, el Sahara no se vende”, la aglomeración empezó a moverse por la calle principal de la ciudad. Habían comenzado las protestas revindicando la liberación de pueblos que han visto violados sus derechos. El más destacado, el pueblo saharaui. Desde el primer vagón con el que comenzaba la marcha hasta casi completar el tren, se podían ver a todas aquellas personas que se estaban dejando su voz en denunciar los intereses de los explotados e intentar que no desvíen la mirada del derecho de autodeterminación del Sahara Occidental. Enganchando con éstos, un grupo de música instrumental que animaba el recorrido al ritmo de sus tambores y cascabeles. Como la curiosidad mata al gato, me acerqué a un muchacho que los acompañaba desde un lateral intentando no quedarse muy atrás a causa de ir con muletas. Para mi sorpresa, se trataba de un grupo llamado ROR, Ritmos de la Resistencia, organizado precisamente para acompañar a las manifestaciones y darle un toque musical a las protestas. Aprovechando el paso lento de Ernesto Fajardo Nolla, le pregunté por su interés de defender estos ideales ya que había asistido incluso con la dificultad de no poder andar bien. Y como el destino nunca deja de sorprendernos, este gaditano había venido en autobús desde Córdoba, ciudad en la que estudia Ingeniería de montes, para que, aunque no se consiga lo que quieren, “por lo menos que la gente que ha salido a la calle a curiosear se entere de lo que está ocurriendo y no se conforme sólo con la versión que escuchan del Estado español”. Sus ojos verdes expresaban claramente el pensamiento de “ser una situación injusta desde hace tiempo, la cual ignora los problemas que les está creando a los que menos tienen culpa”. En el último vagón, cuatro personas tapadas con ropa negra y pañuelos para no identificar sus caras, sujetando un cartel, que debo admitir, me encogió el estómago: “Otra guerra es posible”.
El orgullo de ser seres humanos
Entre banderitas del Sahara y paraguas esquivando las cabezas de alrededor, los megáfonos acompañaban con más fuerza a todas aquellas voces que seguían llenando con su eco, las callejuelas transversales de Gran Vía y los edificios que mantenían sus ventanas abiertas. Familias enteras asomadas por sus balcones, no sé si a favor o en contra de lo que oían, rompían con la monotonía de cualquier domingo que se pasee por el casco antiguo de Granada.
Pero las voces no eran las únicas protagonistas que avanzaban con la multitud. Numerosas pancartas con frases como “Paremos el genocidio del pueblo palestino”, eran envueltas en plástico para no dañarse por las persistentes gotas del cielo. Y cómo olvidarse de las manos que agarraban con fuerza el taco de folletos que iba disminuyendo conforme la gente se acercaba a pedir información. Tres veces me ofreció el joven hojas tamaño cuartilla con textos argumentando el “No a la Europa capitalista”. En su última intención de embolsarme tres o cuatro panfletos le saqué una<<Ahí es donde se encuentra el verdadero orgullo de ser seres humanos>>, concluían sus labios antes de cerrarse. conversación del tema por el que nos encontrábamos allí. Con la desilusión en su rostro, pero sin abandonar la batalla, nos confesaba que a pesar de saber que no cambiará la situación de la Cumbre, aún hay grupos que miran por esos pueblos que sufren injustamente, transmitiéndoles su apoyo de cualquier manera, como por ejemplo, con una manifestación.
Antes de que me diera tiempo a levantar la mirada de mis anotaciones y darle las gracias por su confianza, sentí como una estampida de personas se aproximaba hacia nosotros. Unos más rápido, otros más lentos, otros silbando… Pero todos con la misma meta, Bi-Rambla. Tras la llegada tardía a la plaza, encontré a Pablo Vigueras finalizando su discurso con una frase esperanzadora: “El Presidente Zapatero tiene la oportunidad de exigir a Marruecos que cumpla son sus obligaciones. El pueblo saharaui tiene derecho a decidir sobre su propio destino”.
Todos y cada uno de ellos pisaban suelo mojado por la lluvia de ese día, pero en su corazón anhelaban la esperanza de que los nuevos caminos fueran de tierra firme y seca, donde no hubiera posibles caídas o resbalamientos por cada uno de sus derechos.